domingo, 6 de octubre de 2013

GADAMER, Hans-Georg, POEMA Y DIÁLOGO, trad. Daniel Najmías y Juan Navarro, Gedisa, Barcelona, 2004, pp. 57-59.


Yo y tú, la misma alma

 

¿Veis ya las líneas de estos claros mundos

las laderas de vides coronadas

El céfiro que silba entre los álamos

Y, suaves flautas, el agua de Tívoli?

 

Allí se alza vuestra rubia testa

¿sabeis: la niebla danza en el pantano

Dunas juncos tormenta voz del órgano

Y hasta el rumor del enorme mar?[1]

 

Es lícito preguntarse si el comentario es oportuno cuando el discurso poético, de manera inmediata a ininterrumpida, a través de los claroscuros de palabra y sentido, alcanza al lector y al oyente interior. Ciertamente, estos versos extraídos de El año del alma de Stefan George, con todo el laconismo epigramático de su construcción, no pertenecen a aquellas formas poéticas que dejan siempre detrás suyo la comprensión consumada, adelantándose a ella en la oscuridad. En su sencilla estructura de pregunta y respuesta, estos versos contraponen significativamente dos paisajes y no es necesaria ayuda alguna para reconocer en ellos paisajes anímicos y, en la tensa distancia que separa esos puntos extremos, reconocerse a uno mismo.

Y, sin embargo, también aquí se deja oír una llamada a la interpretación. En primer lugar, estos versos se encuentran en una sección de El año del alma cuyos poemas el propio autor califica de sombras velozmente recortadas. Dos iniciales permiten reconocer a un determinado miembro del círculo de amigos del poeta y podríamos sentirnos tentados a seguir esta pista dada por el propio autor y ver, en el encuentro de dos poetas, un poeta del Norte y el poeta renano-romano de El año del alma, la razón de existir de este poema-dedicatoria.

Pero, en el prefacio a la segunda edición del libro, el poeta advierte contra toda interpretación basada en circunstancias y detalles biográficos: no obstante, pocas veces como en este libro nos hallamos ante una y la misma cosa, “la misma alma”. Es cierto que, en el conjunto del libro, este poema pertenece al grupo de los encabezados con las iniciales de la persona a la que se dirige. En este sentido, la advertencia del autor al respecto carece de importancia. Claro que también es suficientemente significativa. Precisamente, estas composiciones no se han de interpretar como un gesto de reconocimiento a una determinada persona, sino como partes de una obra, trabajadas, adornadas y ordenadas por un escrupuloso orfebre de la palabra. Pertenecen a un orden distinto del de la experiencia concreta, igual que las odas triunfales que Píndaro hacía recitar en las cortes sicilianas y que, sin embargo, son joyas de la literatura griega, igual que las odas de Horacio, introducidas por sonoros vocativos. ¿Qué es lo que convierte esas creaciones en una monumentum aere perennius? ¿Qué arte, qué golpe de fortuna, qué poder de la palabra?

En la serie de esos recortes de sombras, este poema, pese a estar compuesto de dos estrofas de cuatro versos cada una, estructura común a todos los otros poemas de la serie, presenta la particularidad de una composición a dos voces: pregunta y —con otra voz— respuesta. Y como toda relación pregunta/respuesta también tiene ésta una correlación exactamente construida: el tono ascendente que se mantiene en el suspenso propio de toda tentativa, y la firmeza de la respuesta, que une el todo con el todo. [...]

La voz que pregunta tiene algo de perentorio, de ella emanan superioridad y seguridad, sabe lo que dice y a quién se dirige. Apelando a sus mundos luminosos, recoge los oscuros mundos del otro. Y cuando el interpelado ve, vislumbra (ahnt) esos “claros mundos”, parece que los hubiera de reconocer como una meta alta y remota, como una tierra prometida. Los “claros mundos” aparecen como líneas —como claras líneas de un horizonte de montañas lejanas—. ¿O acaso también como la clara línea que lleva a esos mundos luminosos, su arquitectura espiritual? Ambas cosas, un ejemplo claro y un ejemplo de claridad: el paisaje, configurado en su totalidad por los hombres y animado por la luminosa espiritualidad de la transformación ejercida por el hombre. Las laderas, con todo su colorido, coronadas de vides, evocan los viñedos renanos, un paisaje magnífico, construido según un estricto plan y como coronado por el oro otoñal de las vides. Los elementos, con su fuerza prehumana, están solamente per contrarium en la claridad domeñada de ese paisaje. Ni la susurrante voz artificial del céfiro, ni los erguidos álamos los evocan. El álamo, árbol que se introdujo en Europa en el siglo xviii, se asocia al espíritu geométrico de la época, al paisaje del siglo, reglamentado, cuadriculado, planificado, como símbolo de la naturaleza dominada y ordenada por el hombre, y, finalmente, en el cuarto verso suena toda la magia de una naturaleza transformada en arte. Con la llamada a Tibur, la célebre residencia de verano de la época de Augusto, que todos los humanistas conocen a través de Horacio, surge tal vez una duda en la visión del paisaje del lector/oyente: si acaso aquí el genuino Sur, Italia, se opone al puro Norte, hasta que reconocemos la evidencia más fuerte de la palabra simbólica (“Tibur” es Tívoli) y nos damos cuenta asombrados de que los famosos juegos de agua de ese lugar privilegiado representan algo más que el símbolo del peregrinaje alemán hacia Roma, que requieren la gracia y el placer de vivir de la civilización romano-renana como una dimensión del alma humana…


[1] Ihr ahnt die linien unsrer hellen velten / die bunten halden mit den rebenkronen / Den zefir der durch grade pappeln flüstert / UndTiburs wasser wich wie libesflöten? // Da hebt sich ewer blondes haupt: kennt IHR / Der nebel tanz im moor grenzenlos / Im Dúnenried der stürme orgelton / Und dasgerausch de ungeheruren see?

GADAMER, Hans-Georg, "Fundamentos para una teoría de la experiencia hermenéutica", en VERDAD Y MÉTODO I, trad. Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, Salamanaca, Sígueme, 1999, pp. 331-337.


El concepto de "círculo hermenéutico" está tomado de Heidegger: una descripción de cómo se realiza la interpretación comprensiva, al margen de la arbitrariedad de las ocurrencias y de los hábitos de pensamiento. Comprender un texto es proyectarlo en un sentido. Habría que elaborar "proyectos correctos y adecuados a las cosas": anticipaciones que deben confirmarse: ésa es la "tarea constante de la comprensión". Habría que demostrar el origen y validez de nuestras opiniones previas. Con ellas nos acercamos a los textos, son nuestra "precomprensión" de ellos. Pero también son inadvertidas.
          Al llegar a un texto, si se quiere comprender, debemos estar dispuestos a que el texto nos diga algo (receptividad), lo que no significa que esa receptividad suponga "neutralidad" o "autocancelación" de nuestro sistema de opiniones. Además, el texto trae consigo una tradición y "son los prejuicios no percibidos los que con su dominio nos vuelven sordos hacia la cosa de que nos habla la tradición".
         Suponer que  podemos comprender de manera neutral es un resabio de la Ilustración. Durante esa época, el concepto de prejuicio adquirió el matiz negativo vigente de "perjuicio". El Romanticismo no se opuso a estos planteamientos, aunque exacerbó el historicismo. Gadamer propone que "los prejuicios de un individuo son, mucho más que sus juicios, la realidad histórica de su ser".
         De ahí que el siguiente apartado "Los prejuicios como condición de la comprensión", Gadamer coloque los conceptos de prejuicio, autoridad y tradición  como el punto de partida del "problema hermenéutico". El prejuicio debe ser cuestionado en su legitimidad. Si los prejuicios se dividen en prejuicios "de autoridad" y "por precipitación", entonces habrá que cuestionar la autoridad. Si los prejuicios por precipitación es fuente de equivocación, entonces inducen a error en el uso de la razón. La tradición "es un momento de la libertad y de la historia", es la tendencia a la conservación, que es un acto de la razón.
         La "investigación espiritual-científica" se realiza siempre desde las tradiciones, un reconocerse. Si investigamos un objeto, esta operación se realiza en un momento de tradición. Así que otro concepto, "clásico", designa una fase temporal del desarrollo histórico actual. Un "clásico" es lo que se mantiene frente a la crítica histórica porque su dominio histórico, su validez conservada, se antepone a la reflexión histórica y se mantiene en medio de ella. A partir de estas ideas, se puede pensar el acto de comprender como un desplazamiento de uno mismo hacia un acontecer de la tradición. Nuestra comprensión contendrá la conciencia de la pertenencia de la obra a nuestro propio mundo.
         Lo que Gadamer llama "significado hermenéutico" es un proceso circular pero también un proceso de distancia en el tiempo: se trata de reconocer esa distancia; esto no quiere decir superarla, sino entenderla como "una posibilidad positiva y productiva del comprender". El sentido que un texto contiene es infinito, pues aparecen nuevas fuentes de comprensión, se pueden distinguir los prejuicios verdaderos de los falsos. Una conciencia formada hermenéuticamente también reconocerá sus propios prejuicios, determinados, que guían su comprensión. Entonces, la condición es poner en suspenso los propios prejuicios: la pregunta. La pregunta surge cuando un prejuicio se hace cuestionable. El objeto es la unidad de la historia y de la comprensión histórica. "Entender es, esencialmente, un proceso de historia efectual", dirá Gadamer antes de iniciar el apartado "El principio de la historia efectual".
         Cuando intentamos comprender nos hallamos en la historia efectual, que determina por adelantado lo que nos va a parecer cuestionable y objeto de investigación; opera en la obtención de la pregunta correcta. Es un momento de la realización de la comprensión: el horizonte o "ámbito de visión que abarca y encierra todo lo que es visible desde un determinado punto". Desde ahí hay que buscar nuevos horizontes, los del texto, un diálogo para entender a otro, el horizonte del texto, que está bajo la forma de la tradición, en perpetuo movimiento. Esta fusión de horizontes es un solo horizonte desde el que vivimos. El horizonte del texto no es sólo un desplazamiento, sino ser consciente de la alteridad, desde una distancia y con patrones más correctos. Por eso, el horizonte del presente está en contante formación: ponemos a prueba nuestro prejuicios,  orígenes y la tradición. En toda comprensión está contenida la aplicación, la recuperación del horizonte comprensivo del presente.




domingo, 25 de agosto de 2013

WELLEK, René y A. Warren, “Literatura y sociedad”, en Teoría literaria, Vers. José Ma. Gimeno, Madrid, Gredos, 1993, pp. 112-131.

EL PROPÓSITO DE NUESTRA LECTURA ES REDUCIR LOS PLANTEAMIENTOS DEL TEXTO A PLANTEAMIENTOS SOBRE LA AUTORA Y LA OBRA EN CUESTIÓN (ELENA PONIATOWSKA)

-El origen social de un escritor desempeña un papel secundario en las cuestiones planteadas por su condición, filiación e ideología sociales.
* * *
-Estos problemas (una vez sistematizados) conducirán a una sociología del escritor como tipo
-Grado de integración en el proceso social, su grado de dependencia respecto de la clase dominadora, las fuentes económicas exactas de su sostenimiento, el prestigio del escritor en cada sociedad.

El escritor como ente social:

-Fuente principal: su biografía.

-Noticias sobre la procedencia social, el trasfondo familiar, la posición económica (ejemplos).

-Problema de la interpretación: ¿Determina la procedencia social la ideología y filiación sociales?
 
LAS RESPUESTAS SON, POR LO PRONTO, INTUITIVAS (IMPRESIONES BASADAS EN LA OPINIÓN PÚBLICA); MIENTRAS NO OBTENEMOS LOS ESTUDIOS ACADÉMICOS QUE NOS PERMITAN DEMOSTRAR ESAS INTUICIONES:
R. La autora  nació en el seno de la clase social alta y ha formado parte de esa clase social. Entonces, hay una identificación entre el personaje protagonista del cuento "El limbo" y la autora.
 
* * *
AL REDACTAR LOS RESULTADOS DEL ANÁLISIS, HAY QUE INCLUIR LAS CITAS TEXTUALES DE TEXTOS TEÓRICOS QUE CONTRIBUYAN A COMPROBAR LOS RESULTADOS DEL ANÁLISIS, ASÍ COMO LAS CITAS DE OTROS TEXTOS QUE SOSTENGAN NUESTRAS CONCLUSIONES:
 
 
Elena Poniatowska, una escritora nacida en la clase social alta, se opuso a los modelos de comportamiento que esta clase le dictaba (“Yo era lo que se llama una niña bien, destinada a  casarse y a tener hijos, me casé, tengo hijos y tengo 10 nietos pero yo quería hacer algo más nada más que no sabía muy bien qué”, ha señalado en múltiples entrevistas). Como señalan Austin Wellek y René Warren, "la producción literaria, procedencia y condición social del autor e ideología social, puede manifestarse en formas y actividades extraliterarias" (Wellek y Warren: 114). En este sentido, Elena Poniatowska parece manifestar su rechazo a esos modelos en el cuento "El limbo", donde el personaje protagonista parece identificarse con la joven Elena Poniatowska...

sábado, 27 de abril de 2013

Semiótica del relato


 El análisis del relato es un modo de organización sintagmática de la significación: una manera de segmentar el texto, el reconocimiento de ciertas regularidades y de modelos previsibles de la organización narrativa, vinculados a estereotipos de conductas humanas. Elementos de la morfología proppiana y la antropología, como bases para acceder al relato literario y atribuirle un número limitado de sentidos condicionados por la esfera social.
     De la antropología, la semiótica toma la concepción del relato como una oposición de permanencia y cambio. “Gracias a esta distinción fundamental entre lo que es estable y lo que es modificado o transformado, damos sentido a todo lo que constituye nuestro universo semántico”. (Courtés, 1997: 00) Los personajes del relato se concretan en enunciados que se sostienen en términos de hacer y ser; tanto en el relato literario como en el no literario: el individuo es producto de una modelización determinada por la naturaleza (Greimas utiliza el término “tensividad”) y la representación de esa naturaleza (aquí el autor emplea el término “foria”); en otras palabras, lo que hace (por ejemplo, cazar) determina su representación lingüística, su ser (cazador). (Greimas,1989:79-106)
Las transformaciones del relato se refieren a estados que van relacionados según una estructura lógica, como “los antónimos (sombrío/luminoso), los complementarios (casado/soltero; vida/muerte), los reversibles (marido/mujer; debajo/encima; delante/detrás; antes/después; padre/madre), los direccionales (subir/ bajar; partir/llegar; comprar/vender)”. (Courtés: 101) Este sistema de transformaciones a partir de la negación, la ausencia, el intercambio o la ruptura es lo que Greimas, también desde la antropología, percibe como un problema de “junción” (o unión), que determina las acciones de los personajes, ya definidos como actantes. Conjunción (∩) y disjunción (U) implican orientación hacia un objeto: conjunción si esta orientación es positiva y disjunción si es negativa (por ejemplo, si un sujeto sólo atribuye algún valor a un objeto si éste pertenece a otro: hay una disjunción entre el primer sujeto y el objeto, y una conjunción entre el objeto y el segundo sujeto (Greimas, 1986: 22-56): [S1 U O / S2 ∩ O]).
Ahora bien, estas relaciones a nivel actancial ocurren en un universo de signos que se articulan por oposición binaria, que son también operaciones de disjunción y conjunción.

Análisis de “Dos amigos” de Maupassant
El primer enunciado alude a París (“París estaba bloqueado”), que implica la categoría sémica París vs. no-París, que puede interpretarse como /englobado/ vs. /englobante/, pues la frase alude al encierro y favorece la necesidad de desplazamiento. Es así que nuestro proceso de significación funciona por negación del signo opuesto, lo que condiciona el sentido de la acción narrada.
     El sentido es un proceso semiótico fundamental en el análisis. El sentido, en tanto dirección, finalidad, o intención, se encuentra, en el nivel de la enunciación, en el “plano del contenido”: el significado de las palabras en una cadena de relaciones de significado entre varios códigos. Las razones por las cuales el sentido del enunciado /el perro ladra/ es diferente al de /el comisario ladra/ se encuentran en un sistema de reglas que permitan inferencias confiables y justificadas en el texto.
La búsqueda de sentido requiere una vuelta a las “lógicas y las matemáticas”, disciplinas que se confeccionan un “discurso sobre el sentido que equivale a una inmensa metáfora isótopa del mundo”, idea a la que agrega la siguiente nota: “Entendemos por isotopía un haz de categorías semánticas redundantes que el discurso considerado implica y que cabe explicitar mediante el análisis, puesto que operan en la manifestación del dicho discurso como sus presupuestos” (Greimas, 1973: 6). Recurso de análisis para agrupar categorías semánticas redundantes en un texto, significados identificables con la realidad.
Las categorías semánticas reducen los significados del texto, lo que permite esquematizar las transformaciones palpables en el relato y sintetizar el llamado “cuadro semiótico”. Se trata de una esquematización que representaría la “estructura elemental de la significación”, en la que se representarían las tensiones presentes a lo largo de la historia, entre las cuales los actantes realizan sus acciones. Lógica aristotélica a la que Greimas declaró acudir desde el primer ensayo de Sobre el sentido, en el que reúne seis términos implicados por relaciones de negación, contrarios, contradictorios e implicación. Los ejemplos proporcionados por Greimas aplican para los mandatos clasificados en prescripciones, prohibiciones, no prohibiciones y no prescripciones que Greimas llama isotoías. Greimas resuelve así la necesidad de manejar el análisis de la estructura profunda de un discurso narrativo desde un número reducido de unidades de significado que den cuenta de su totalidad.
Las relaciones de poder son reconocibles en las reglas de parentesco, como el intercambio de mujeres en la formación de alianzas entre individuos. No olvidemos que el héroe mítico es una figura asociada de modo natural al poder. La obtención del poder es uno de los propósitos más buscados en cualquier relato, desde el “poder-hacer-querer (o seducción) ejercido por Cenicienta” (Courtés 1980: 124) hasta el “héroe según Camus, un héroe que, habiendo tomado conciencia de su pertenencia a un mundo dominado por el poder y la muerte, se instituye como sujeto negador de ese mundo” (Greimas, 1993, 166).
Las primeras operaciones que se deben realizar son:
1.      Partir del análisis actancial de la obra.
2.      Sintetizar en un solo enunciado las secuencias inicial y final.
3.      Establecer las oposiciones que estructuran el relato.
4.      Establecer las isotopías.
5.      Distinguir las acciones de los personajes de sus estados: ¿qué hacen? ¿qué son?
6.      Establecer las relaciones de poder: voluntad, competencia.
7.      Conjunción y disjunción.
8.      Espacio y tiempo.
9.      Cuadro semiótico.
 
 
Courtés, Joseph (1997). Análisis semiótico del discurso. Del enunciado a la enunciación, trad. Enrique Ballón Aguirre, Madrid, Gredos.
------ (1980). Introducción a la semiótica narrativa y discursiva, Buenos Aires, Hachette.
Greimas, Julien (1989) “Para un teoría de las modalidades”, en Del sentido II. Ensayos semióticos, trad. Esther Diamante, Madrid, Gredos.
--------- (1973). En torno al sentido. Ensayos semióticos, trad. Salvador García Bardón y Federico Prades Sierra, Madrid, Fragua.
-------- (1993). La semiótica del texto: ejercicios prácticos. Análisis de un cuento de Maupassant, trad. Irene Agoff, Barcelona, Paidós.
 

miércoles, 17 de abril de 2013

Esther Hernández Palacios, "La poesía de Jaime Sabines. Análisis poético estructural de «Algo sobre la muerte del mayor Sabines»", Xalapa, Universidad Veracruzana, 1984, pp. 101-106.

Transcripción de las conclusiones de este libro:

CONCLUSIONES

La función poética se caracteriza por introducir desviaciones o modificaciones de carácter sistemático, respecto de las normas usuales, en todos los niveles, de la lengua comunicativa. "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" es un mensaje, un proceso lingüístico, un discurso, en el que predomina la función poética; por lo tanto, se caracteriza por introducir desviaciones o modificaciones de carácter sistemático respecto de la normas usuales de la lengua comunicativa. Estas desviaciones o modificaciones han sido ya analizadas en los capítulos anteriores, por lo que sólo me resta resumirlas.
     A nivel fónico, "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" rompe el paralelismo entre las pausas de sonido y la conclusión de sentido propias de la prosa o lengua de comunicación, ya que se caracteriza por poseer el TROZADO, por interrumpir la secuencia del enunciado allí donde el sentido no se ha completado. La lengua comunicativa posee estructuras fónicamente desiguales; en "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", como resultado del predominio de la función poética, las estructuras fónicas son equivalentes o idénticas: la isometría, la isorritmia, la homometría y la homorritmia son factores constitutivos de todos sus versos. La lengua se caracteriza por avanzar de una manera lineal; la lengua poética del poema aquí estudiado se desvía de ella porque posee un carácter cíclico, repetitivo (a nivel fónico este carácter aparece en las repeticiones métricas rítmicas y rímicas y en las llamadas "figuras de repetición"). En la lengua comunicativa existe un máximo de diferenciación de sus elementos constitutivos existe un máximo de indiferenciación (a nivel fónico esto es producto de la isometría homometría, isorritmia, homorritmia, rima y "figuras de repetición"). La lengua poética del poema estudiado utilizael fonema unidad "confusiva" (mediante la aliteración); desviándose, de esta manera, de la lengua de comunicación en la que el fonema es utilizado como unidad distintiva.
     A nivel sintáctivo, la lengua poética de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" se caracteriza también por la introducción de desviaciones con respecto a la lengua comunicativa. Mientras que esta última se caracteriza por la "linealidad", progresión y diferenciación de sus sintagmas, la lengua poética de nuestro poema se caracteriza por poseer sintagmas no progresivos y paralelísticos (que dan a la secuencia un carácter cíclico, indiferenciado, repetitivo). La lengua de comunicación utiliza con moderación las formas no personales de los verbos y casi siempre que las usa, éstas van acompañadas de un verbo en forma personal (para indicar tiempo y persona) con el objeto de no provocar la ambigüedad, ya que la función de esta lengua es la de establecer un contacto inmediato con la realidad extralingüística, la de remitir a los "designata", la de expresar con claridad la realidad. La lengua poética de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" se desvía de la lengua comunicativa, ya que utiliza con mucha frecuencia e importancia las formas no personales; muchas veces, estas formas aparecen sin que las acompañe un verbo en forma personal, provocando de esta manera la ambigüedad del discurso y reforzando el valor autónomo del mensaje. Las oraciones que carecen de verbo también son características de la lengua poética de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" y son también producto de una desviación con respecto a la lengua comunicativa: la lengua comunicativa utiliza el verbo en casi todas sus oraciones, ya que necesita expresar fielmente la realidad, dar el tiempo y la persona; la lengua poética da ambigüedad al mensaje suprimiendo los verbos y realza de esta manera la autonomía del mensaje.
     En el nivel semántico nuestro poema también se desvía de la lengua comunicativa. La lengua de comunicación, destinada a remitir directamente a la realidad extralingüística, estrechamente vinculada con los "designata", necesita de la mayor claridad posible en el mensaje, utiliza por lo tanto el código connotativo (emplea procedimeintos de significación connotativa: metáfora, menonimia, sinécdoque, hipálage, etc.), oscureciendo de esta manera el mensaje, volviéndolo ambiguo; el código cambia a nivel semántico: en el código denotativo los sintagmas son impertinentes, en el connotativo se recupera su pertinencia, la lengua adquiere una inteligibilidad de otro orden. El paso del código denotativo (basado en la experiencia objetiva, externa y correspondiente a un sentido genera, extenso) al connotativo (basado en ela experiencia subjetiva y correspondiente a un sentido particular, intenso) provoca la ambigüedad. El cambio de sentido (el paso de un código a otro) da como resultado la ambigüedad propia de la lengua poética. En el código usual (el denotativo, el propio de la lengua comunicativa) el signo remite de una manera inmediata y clara a la realidad extralingüística; en la lengua poética de nuestro poema se viola el código denotativo, el signo no remite de manera inmediata a la realidad extralingüística; a nivel denotativo el discurso es impertinente, la pertinencia se recupera con el cambio de código; con el paso del código denotativo al connotativo, con el cambio de sentido se produce la ambigüedad en el discuros (resultado de la autonomía del mensaje).
     Todos lo procedimientos de la lengua poética de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" revelan, pues, estructuras homólogas; todos están basadoes en la desviación con respecto del lenguaje comunicativo, todos provocan la ambigüedad y el oscurecimiento del discurso. Pero lo anterior sólo constituye la primera parte del "mecanismo de fabricación de lo poético"; la negatividad es provisional y da lugar a una segunda fase, positiva. No se destruye sino para construir, no hay desviación sino para llegar a una nueva construcción. La ambigüedad, la oscuridad son "el precio que hay que pagar" para alcanzar una claridad de otro orden, la propiamente poética. Con los procedimientos de desviación a la vez se viola y se vuelve a instaurar el código, sólo que el nuevo código es de naturaleza distinta. La lengua poética de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines" no se desvía de la lengua de comunicación sino para alcanzar un nuevo valor, una nueva pertinencia, la propiamente poética. "La poesía no es prosa venusta [no es lengua de comunicación venusta, ni lengua de comunicación "mal hecha"], sino un lenguaje que el poeta ha tenido que inventar para expresar lo que de otra manera no habría podido expresar" (Cohen, E. L. P. P. 159)
     Como he afirmado, no hay mensajes que cumplan una sola función; la diversidad de mensajes no consiste en el monopolio de una función sobre las demás, sino en sus diferencias jerárquicas. La estructura verbal de un mensaje depende de la función predominante. Por lo tanto, en "Algo sobre la muerte del mayor Sabines", el predominio de la función poética sobre las demás funciones, no excluye a estas últimas. Así pues, en el poema aquí estudiado existen, además de la dominante, todas las demás funciones. La función referencias está presente, existen en el discurso elementos que remiten a una realidad extralingüística; existe una referencia, un contexto. La función emotiva, centrada en el emisor, también forma parte del discurso (el emisor, el poeta , es sumamente importante). Las interjecciones y exclamaciones, propias de esta función, forman parte del poema; lo mismo que elementos que matizan emocionalmente algunas partes del mensaje como la ironía o el coraje. El vocativo y el imperativo, en los que se centra la función conativa, orientada hacia el destinatario, también forman parte del poema. Los elementos propios de la función fática que sirven esencialmente para mantener el contacto, para prolongar o interrumpir la comunicación, están casi ausentes. [...]
     El análisis que he llevado a cabo, no agota todas las posibilidades de "Algo sobre la muerte del mayor Sabines". Como análisis, basado en el método poético estructural, ha tratado de encontrar y analizar aquellas características lingüísticas que hacen del discurso un poema. Es necesario recordar que, además de poseer características lingüísticas (resultado de la predominancia de la función poética), el poema ocupa un lugar dentro de la totalidad de la obra de Jaime SAbines, posee diversas influencias, está inscrito en una ideología, responde a un tipo especial de filosofía, etc., lo que da como resultado que además de este tipo de análisis, el poema puede ser analizado desde diferentes puntos de vista...   

miércoles, 20 de marzo de 2013

Un artículo de mi autoría: aplicación de algunos términos formalistas

http://fuenteshumanisticas.azc.uam.mx/revistas/24/24_05.pdf

"Temática" de Tomachevski: un resumen


En 1925, Boris Tomachevski publica un manual de nociones básicas de literatura, una Teoría literaria que propone, además, pautas del análisis de textos  lírico y narrativo a lo largo de sus capítulos dedicados a la lengua poética, la métrica y la temática. Esta última parte es la más reconocida, entre otras razones por representar el arranque de la narratología propiamente dicha, en tanto que estudio general del relato, y no ya de un tipo particular de relato como el que planteó Vladimir Propp. Se encuentran en este capítulo las definiciones básicas de narrador, personaje, trama o fábula, y su sistematización a partir del tema.
Las definiciones de “tema” que proporciona Tomachevski resultan, sin embargo, ambiguas:

En la obra literaria, las distintas frases, al asociarse según su significado, dan como resultado una construcción que se mantiene por la comunidad del contenido o del tema. El tema (aquello de lo cual se habla) está constituido por la unidad de significados de los diversos elementos de la obra. Puede hablarse del tema de toda la obra, o de temas de las distintas partes. […] Para que una construcción verbal constituya una obra unitaria, debe tener un tema unificador que se concrete en el desarrollo de toda la obra. (Tomachevski, 1982: 179)
 
“Aquello de lo que se habla”, en un principio, reduce el tema al referente de los signos que se articulan en el enunciado. ¿Cómo determinar, entonces, el tema de un texto cuando no se alude a él sino hasta avanzado el relato? Según Tomachevski, “aquello de lo que se habla” deberá estructurar el resto de los niveles de la obra (trama, fábula, personajes, etcétera).
El género textual determina el mecanismo de funcionamiento del tema: la lírica carece de fábula, a diferencia de la narrativa. La fábula está determinada por los nexos de causalidad que se evidencian en el paso de una situación a otra, cambios inducidos por las relaciones entre los personajes y la introducción de otros nuevos, eliminación de otros y cambio de relaciones. La base de la fábula es un conflicto. El conflicto es el resultado de la tensión entre intereses opuestos, lucha entre los personajes y funcionamiento de tácticas: un hecho deriva otro, y los hechos están recíprocamente relacionados. Para que existan estas condiciones del conflicto, es necesario crear personajes con relaciones de contraste: “cada uno de los personajes quiere modificar de manera distinta la situación existente”. El proceso en el que se enfrentan las posiciones encontradas se denomina intriga, y sólo termina con la resolución de los conflictos.
Las partes de la intriga son los hechos o partes de la obra que mantienen una misma unidad. Los hechos indivisibles (asesinato, encuentro, ausencia) contienen un tema en sí mismos, y son definidos como motivos, estos pueden ser dinámicos, si modifican la situación, o estáticos, si no lo hacen (descripción, estadio de los personajes). Los motivos que constituyen la intriga se organizan de una manera “artística”, organización que se define como trama. Corresponde al crítico evaluar los mecanismos de organización de la trama: la narrativa antigua se caracteriza por recursos como la ejemplificación de tesis morales, la reunión de personajes para enlazar cuentos o la atribución de los cuentos a un solo personaje; todos ellos son medios insuficientes para unir una verdadera novela.
La trama depende de la introducción de los motivos ante los ojos del lector, es decir, se aprovecha la ignorancia del lector. Se establecen, pues, “grados de ignorancia” manejados en la obra: el lector sabe, pero los héroes no; una parte de los personajes saben y otra no; el lector y una parte de los protagonistas no saben; nadie sabe nada, y la verdad se descubre casualmente; los héroes saben, pero el lector no.
Para construir alguna de esas posibilidades, el relato precisa de un narrador, que también puede ser de varios tipos: un “simple” comunicador del autor; un narrador presentado como una persona concreta; una persona que cuenta los hechos que ha oído contar a otros; un testigo más o menos próximo; el protagonista de la acción, y, por último otros métodos de narración complejos.
También en el ámbito de la fábula, se insertan las marcas de tiempo que se comunicarán al lector de, por lo menos, dos maneras: con el establecimiento de la fecha del momento de la acción; la indicación de los intervalos de tiempo ocupados por los hechos; con la creación de una impresión de que el tiempo de lectura y el tiempo en que ocurren los acontecimientos son simultáneos.
Tomachevski incorpora una amplia gama de posibilidades de análisis, de las cuales sólo se han elegido las anteriores como punto de partida. La teoría literaria basada en el estudio del lenguaje estaba en marcha. El formalismo ruso que había desarrollado sus propuestas sin contratiempos en una Rusia ocupada en la guerra y la política comenzó a sufrir las críticas de ideólogos como Trotsky (Literatura y revolución, 1924), hasta la desaprobación definitiva del comunismo. Intelectualmente, el formalismo entraba en discusión con las ideas más centradas en el aspecto social de la obra literaria y con las objeciones de Mijail Bajtin. Los principios del formalismo continuarían su evolución en el Círculo Lingüístico de Praga, en el que figuró también Roman Jakobson, junto con Jan Mukarovsky y René Wellek; nuevamente, el estructuralismo fue abatido por cuestiones políticas, ahora por la irrupción de los nazis. Los trabajos de ambos grupos llegaron a manos de estudiantes que sirvieron de enlace entre los países de la Europa oriental y la occidental (Todorov y Kristeva, por mencionar los más representativos), mientras que Jakobson y Wellek emigraron a los Estados Unidos. La lingüística, por su parte, se desarrollaba como ciencia en casi todos los países y su contribución a los estudios literarios se incrementaba en una relación recíproca. Pasadas las guerras mundiales, los estudios literarios exigieron una perspectiva acorde con las transformaciones del pensamiento social, y el estructuralismo representó una opción reveladora.

Bibliogragía:
Boris Tomachevski (1982), "Temática", en Teoría de la literatura, Madrid, Akal.